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WARIERLAND,CAPITULO 1: EL PRINCIPE ALBERT, LA JOVEN PROMESA DEL REINO DE GARAT

6th May 2024 | 2 Views

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La coronación se acercaba, dentro de un mes el joven príncipe Albert sería coronado Rey de Garat y mantendría la paz en el idílico reino felino. De pelaje blanco y decididos ojos azules, Albert era un Felixir muy apuesto que robaba los alientos de las jóvenes doncellas del reino. Su larga capa roja cubría su blanco cuerpo felino y unos guantes de metal color rojo acentuaban su fuerza y decisión. De noble corazón, justo pensamiento y recta actitud, Albert nunca defraudaba a Garat a la hora de protegerla. Sus hazañas bien podían llenar varios libros de historia en donde vivió innumerables aventuras, pero la más importante de dichas anécdotas era su rivalidad con su hermano menor, Grumpy.

A diferencia de Albert, Grumpy no era tan apuesto y tampoco era alguien muy querido dentro del reino debido a su constante mala actitud. De rostro más redondo y pelaje blanco más espeso que su hermano, Grumpy poseía un mal genio que se acentuaba con su larga capa roja junto a un chaleco azul que cubría su pecho.

No era secreto para nadie que Grumpy deseaba el trono para sí mismo, pero lo que nadie podía imaginar, ni siquiera el más paranoico de todo el reino, era que Albert no deseaba el trono y quería que su hermano se hiciera cargo de él.

La presión era demasiada, tanta que el mismo Albert no podía soportarla. Todos los ojos estaban puestos en él y toda la responsabilidad de su reino caía sobre sus hombros, sin embargo Albert no se sentía listo ni tampoco preparado. Albert sabía muy bien que una cosa era ser un héroe amado y querido por su nación y otra muy diferente era ser un Rey que inspirara confianza en los demás. Cada vez que pensaba en eso, sentía que su cabeza iba a estallar debido al fuerte dolor que sentía producto de los nervios junto al miedo. Miedo que no podía ni debía mostrar delante de los demás, miedo que sentía que no tenía que expresar ni hablar… ese era el otro problema, Albert estaba solo, muy solo.

Sus grandes aventuras resaltaban su figura pero también la engrandecían al mostrarlo como un héroe solitario que vencía sus problemas sin ayuda de nadie y quienes estaban agradecidos con él  aunque lo quisieran, no podían ser llamados precisamente sus amigos sino súbditos en deuda con quien sería su futuro rey.  Tampoco podía confiar en su hermano quien lo envidiaba y lo molestaba a toda hora con comentarios cínicos o resentidos sobre su futuro puesto como gobernante supremo. Sin amigos,  sin confianza en sí mismo y con todos los ojos junto a las expectativas puestas en él, Albert se sentía al borde de la depresión y la desesperación. Estaba pensando en abdicar y pasarle el mando a Grumpy, pero si lo hacía ¿No sería eso una traición a su reino y a todos aquellos que confiaban en él?

Sentado en su cama, en plena oscuridad, Albert se puso las patas en la cabeza y comenzó a sollozar mientras sentía esos deseos de gritar que a duras penas podía reprimir.

La idea de huir del reino, lentamente comenzó a nacer en su cabeza.

 

 

 

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